13.10.11

Qué es la literatura.

Qué es la literatura.
Para qué sirve para mí

Pienso que la literatura es el efecto de un encuentro donde convergen
ideas, sensaciones, fantasías, recuerdos transformados, marcas o huellas de la
vida de cada escritor. Él me cuenta lo que le resulta interesante, aunque no me
convence decirlo así porque entonces la obra se deslizaría a una transformada
biografía del escrito Tal vez cada obra es el desciframiento de una confesión
o el lugar en el que lo íntimo adquiere innumerables traducciones, perturba,
incita, rechaza.

Con ciertos autores es posible descifrar su lazo con los sentimientos
memoriosos, donde confluyen infinidad de efectos sin censura ni moral,
aunque la literatura pide, imperiosa, el efecto estético en lo producido. Por lo
dicho, pienso en el acto literario como un espacio que está dado, pero es el
lector el que lo inaugura a la manera de un espía

En mi casa había libros vedados. Ahí la literatura se transformó en algo
que albergaba lo prohibido. “No es para tu edad” me decían cuando pedí
Rayuela y negociaron con Todos los fuegos el fuego del que sólo debía leer
Señorita Cora. Leí todos, a escondidas y lo prohibido dio paso a lo inesperado.
Ahí la literatura se transformó en misterio y por alguna razón desconocida,
imaginé que los que hacían literatura fueron y siguen siendo confidentes, es
decir lectores.

La literatura me atrapa porque trabaja a contrapelo de lo depurado o
lo correcto. Hundirme en la marcas indelebles de cualquier vida escrita sin
vanidades, ausentes de heroísmo, agitadas o insistentes, revelan lo que el
escritor imprime en su singular combinatoria de palabras.
En la literatura, a un universo banal el escritor lo convierte en mirada
novedosa, lo obsceno puede tomar el camino de lo bello, lo que parece nimio
es un disfraz hecho a medida por el autor que viste un texto a descifrar, lo
marginal puede transformarse en un camino deseado.

Por eso los nuevos desvíos que va tomando la literatura la sitúan como
una unidad de existencia que representa la diversidad en el ser-autor.
Para que la literatura sea no debe ser conservadora, es necesario que se
revele como transformadora. En ese sentido se me ocurre ubicarla en un
espacio único que guardaría en su centro la imposibilidad de morir.

María Catino

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